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Miercoles, Viernes y Sábado

Comencemos por el principio…

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Miercoles, Viernes y Sábado

Comencemos por el principio…

Comencemos por el principio…
La historia tiene una protagonista, Alicia, nuestra hija mayor. ¿Cómo se nos ocurrió llevarle a evaluar su capacidad? ¿Qué lleva a unos padres a plantearse que su hija pueda estar por encima de la media? Pues en nuestro caso, una madre muy cabezona, jeje  😉  Al ser primerizos y como es lógico, estar que se nos caía la baba con cualquier cosita que hiciera la peque, mi marido pensaba que eran «locuras de madre» …
Pero yo estaba convencida que el resto de niños no era como ella. Resulta que cuando era pequeña, unos tres años, nos llamó la atención cómo se expresaba y el vocabulario que utilizaba. También tenía una gran memoria y situaba las cosas en el tiempo, era capaz de hablar perfectamente y con todo detalle de algo que había sucedido seis meses atrás y solo tenía tres años.
 
 
Como su padre en el fondo también veía de lo que era capaz la enana, al final le llevamos. Le evaluamos a través de una amiga especializada en Altas Capacidades. Y menos mal que contábamos con ella, que es una grandísima experta en el tema, porque si te metes en la red te encuentras de todo… Y si no sabes de qué va la cosa es muy fácil que te convenzan con teorías de todo menos científicas.
La niña se divirtió mucho con la experiencia. Comenzando por el viaje en metro al gabinete donde le pasaron las pruebas. No quitaba la vista de la ventana y me decía (tres años) «mamá, fíjate a dónde va toda esa gente con tanta prisa!«
 
 
 
“Jugó” con todas las pruebas salvo dos que se negó a hacer. Se negó porque sabía que no iba a ser capaz y su tolerancia a la frustración era muy baja. Recuerdo que una de las pruebas era botar una pelota. Claro, con tres añitos ella se veía incapaz de hacerlo, así que se negó. Aun así dio un CI bastante elevado y presumiblemente, si hubiera hecho las otras pruebas podría haber dado más alto según nos dijeron.
Para nosotros, ese CI era únicamente un número, un dato más. No nos decía nada nuevo sobre nuestra hija y dejamos así la situación, sin darle más importancia. De hecho, como la niña era feliz y la madre ya estaba contenta de que le habían dicho que efectivamente lo que ella detectaba era cierto, pues ya está, así quedó la cosa.
Con el tiempo esta madre, uséase una servidora, se hizo profesora. Se ve que esa intuición estaba allí porque siempre me han preocupado los alumnos que parecen diferentes a lo que entendemos como «la media». Dicho sea de paso, una «media» que no existe porque cada alumno es especial. Hay que tratar de llegar a cada uno de ellos, con lo que necesiten en cada caso particular.
Durante estos últimos años me he formado en atención a los alumnos con las más comunes NEE (Necesidades Educativas Especiales) como el TDAH, la dislexia y más últimamente los AACC. Me quedan muchas casuísticas especiales. Por ejemplo me llama mucho la atención todo lo relacionado con el espectro autista. Pero, sinceramente, creo que no se puede abarcar todo! aunque no será por falta de ganas…
He decidido profundizar y tratar de especializarme en la atención a las Altas Capacidades. Creo que hay mucho alumnado con estas características que no está siendo detectado y eso es un problema. Primero para ellos, porque no están pudiendo educarse y desarrollar todo su potencial como deberían. Pero también para todos, para la sociedad, que deja que se «camuflen» y desaparezcan las personas con talento y ganas de aprender.
Iré contando poco a poco mis pasos en la formación al respecto. Mis pequeños proyectos con los alumnos. Cómo vamos a tratar de atender a todos y cada uno según sus necesidades, capacidades y potencialidades. Así que, vamos a por ello! 
Primeros indicios... Veraneando con las altas capacidades...
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